un sistema binario constituído por una estrella y un agujero negro

Los agujeros negros

La figura representa un sistema binario constituído por una estrella y un agujero negro. Arriba a la izquierda se encuentra la estrella; siguiendo en diagonal hacia la derecha se observa cómo desde la estrella viene desgarrado y absorbido el gas más externo que, atraído por el agujero negro, empieza a girar entorno a él. El gas se precipita lentamente en espiral hacia el agujero, casi como un remolino.

Estos cuerpos celestes extremadamente compactos han sido en el pasado, por ejemplo, estrellas con masas superiores a seis, siete veces la del Sol, colapsadas bajo la acción de su propia gravedad y reducidas ahora a objetos cuya masa está concentrada en un espacio extremadamente reducido, más pequeño del ocupado por la propia Tierra.

Su fuerza de atracción es tan fuerte que atrapa no sólo las partículas de materia sino también la radiación electromagnética, como la luz. En consecuencia, los agujeros no son visibles dado que no emiten ninguna señal, ni siquiera luminosa. A pesar de ello, su presencia puede ser puesta de manifiesto por los efectos que estos objetos causan sobre la materia que los rodea. Por ejemplo, en el caso de la figura nosotros no vemos directamente el agujero negro pero intuímos su presencia gracias a los efectos que su fuerte atracción provoca sobre la estrella compañera: tales efectos están representados en este caso por el gas arrebatado a la estrella y por el consiguiente remolino que el gas crea justo entorno al agujero negro invisible.

La teoría predice que el agujero negro más cercano a nosotros debería de encontrarse a una distancia de sólo 15 años-luz, es decir, a unos 4400 millones de años de camino.

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