nubes de gas interestelar

Cómo se forman las estrellas

Hasta aquí hemos hablado de nuestro Sistema Solar y de los objetos que lo forman; es ahora el momento de salir de sus fronteras. La primera cosa que hay que poner en evidencia es que el Sol no es sino una entre miles de millones de estrellas de nuestra Galaxia. Las estrellas son enormes esferas gaseosas que se forman por la contracción de nubes de gas compuestas sobre todo por hidrógeno y polvo. Las nubes de gas interestelar, como la de la figura, son muy grandes, si piensas que el Sistema Solar entero, en comparación, sería apenas del tamaño de un punto. Sus masas pueden ser hasta de un millón de veces la del Sol, y sus temperaturas son muy bajas.

La contracción de estas nubes generalmente se produce espontánea y lentamente bajo la acción de la propia gravedad. Cuando la nube comienza a contraerse, las partículas de gas en su interior, más y más comprimidas, chocan entre sí cada vez con mayor frecuencia y, a consecuencia de tales choques, aumenta la temperatura. Por ejemplo, si lo piensas, para calentarnos, frotamos nuestras manos entre sí; cuanto más rápidamente las frotamos, más se calientan por la fricción. En un momento dado, la temperatura en el núcleo de la nube llega a un valor tal que induce a las partículas de hidrógeno a transformarse en partículas de helio, transformación durante la cual se produce energía; esta energía empuja hacia el exterior para salir, es decir, ejerce una presión, y con ello se opone a la contracción de la nube, hasta llegar a contrarrestarla. La nube, que durante este tiempo ha adquirido una forma esférica, está ahora en un estado de equilibrio: ¡se ha formado una estrella!

La energía que continúa siendo producida por la transformación de las partículas en su núcleo sale ahora fuera de la estrella principalmente, aunque no exclusivamente, bajo forma de luz y de calor.

Según el tipo de estrella la producción de energía en el núcleo, que determina el equilibrio entre la presión hacia el exterior que tiende a dilatar la estrella y la gravedad que tiende a comprimirla, puede durar millones o miles de millones de años. Toda la existencia de una estrella es, por tanto, una cuestión de equilibrio entre fuerzas contrapuestas.

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